En abril de 2011, viendo en VTV el programa especial dedicado a los ganadores de la VIII edición del libro televisivo y
radial de la Librería Mediática, en la categoría de cuento breve, hubo un texto premiado con el tercer lugar
que se fijó de inmediato en mi memoria. Por días anduve paladeando el cuento,
disfrutando de su estructura, de lo sugestivo de su imaginería, de la tremenda
revelación de cómo en la brevedad de la minificción se podían decir tantas cosas. Dos años más tarde, entusiasmado con la idea de participar en una nueva versión del concurso, estuve revisando
algunos de los textos premiados en anteriores ediciones. Así, de nuevo di con el cuento Búsqueda, de la argentina Patricia Oddo.
No obstante, esta vez hubo un hecho que me desconcertó,
pues, en la rebusca, conseguí un texto muy parecido escrito por el poeta galés Dylan
Thomas (1914-1953) -para más precisión, los dos últimos versos de su poema Si los faroles brillaran. Las dudas
sobre la autenticidad o cuando menos originalidad del texto de la argentina
comenzaron a asaltarme. De esta suerte, el cuento que tanto me fascinaba tornábase,
inesperadamente, en un posible plagio.
«Copiar en lo sustancial obras ajenas,
dándolas como propias», señala, como primera acepción, la entrada correspondiente
a plagio en el Diccionario de
la Real Academia Española (2001). Sería irresponsable que aventurara una acusación al respecto, sobre todo por no ser ese mi propósito ni tener la debida competencia para hacerlo; eso sí, considero mi deber advertir sobre tal posibilidad, y para ello presento como pruebas los textos que de seguidas compulsaré, ejercicio que quiero compartir con el lector. He aquí la comparación:
Texto de
Patricia Oddo:
No ha tocado el suelo aún la pelota que
arrojé cuando era niña
Texto de
Dylan Thomas:
La pelota que arrojé cuando jugaba en el parque/aún
no ha tocado el suelo
Es evidente la similitud en la imagen visual y cinética de la pelota que no acaba de caer, eternizando la infancia. Si dejamos de
lado la circunstancia, “cuando jugaba en el parque”, en Thomas, “cuando era
niña”, en Oddo, notaremos que la acción está descrita casi en los mismos
términos, solo que en el texto de la argentina hay un reacomodo sintáctico y secuencial:
No ha tocado el suelo aún la pelota que
arrojé […] (Oddo)
La pelota que arrojé […] aún no ha tocado
el suelo (Thomas)
¿Plagio o coincidencia? Como obsequio a los lectores, copio íntegro el bello poema de Thomas.
¿Plagio o coincidencia? Como obsequio a los lectores, copio íntegro el bello poema de Thomas.
Si los faroles brillaran
Me han
dicho que piense con el corazón
pero el
corazón, como el cerebro, conduce al desamparo;
me han
dicho que piense con el latido,
que
cambie el ritmo de la acción cuando el latido se acelere
hasta
que en un plano se confundan el campo y los tejados
tan
rápido me muevo por desafiar al tiempo, el caballero quieto
cuya
barba se agita en el viento de Egipto.
He oído
el contar de muchos años
y
muchos años tendrían que atestiguar un cambio.
La pelota que arrojé cuando jugaba en el
parque
aún no ha tocado el suelo.