jueves, 29 de agosto de 2013

Secreta envidia

El hombre con la chaqueta  del Magallanes ve como el diminuto ser de ocho patas hace aspavientos frente a él, mientras desciende por su plateado filamento. Una araña, masculló con el desgano propio de las dos y cuarto de la tarde, retorcido en la silla metálica. Cuando fue su turno de pasar al consultorio, vio como la araña, con insospechada gracia, volvió a las alturas de su sedosa guarida. Veinte minutos más tarde, el hombre salió con la chaqueta en las manos, transido del hambre; sin embargo, antes de abandonar la sala, recordó a la araña, se volvió a mirarla, y la envidió en secreto. Cuando llegó a casa, ni siquiera pensó en recalentar la comida que su esposa guardó en el microondas, tiró la chaqueta, se descalzó, calculó, y en unos segundos, allí estaba, subiendo por la cuerda de seda, hasta lo  más alto, aguardando alguna desprevenida mosca.