domingo, 10 de febrero de 2013

martes, 5 de febrero de 2013

Abrir, no aperturar


     La inopinada migración de cuentas bancarias que afectó a buena parte del magisterio venezolano, además de quejas y rumores de toda índole, trajo consigo, parasitando en las lenguas de los desprevenidos y angustiados educadores, un neologismo indeseable: aperturar. Siendo deber irrenunciable del docente fomentar el buen uso de la lengua castellana, es necesario desaconsejar, por impropio e innecesario, el uso de aperturar y toda derivación verbal que de él emane. El primer diccionario del español, el de Autoridades, tan pronto como en 1726, incorporó en su repertorio el único verbo que en castellano alude al acto de «Hacer patente, manifeftar lo que eftaba cerrado y oculto»: abrir (p. 22). El Diccionario Panhispánico de Dudas (2005), de la Real Academia Española, explicita al respecto:
A partir del sustantivo apertura (‘acción de abrir’), se ha formado el verbo aperturar, que ha empezado a utilizarse en los últimos años como equivalente de abrir: «Ordeno que esos contenedores sean aperturados y revisados» (Diario Hoy [Ecuador] 8.7.97); «Ayer domingo la Cooperativa Agraria de Producción Casa Grande aperturó sus Terceros Juegos de Verano» (El Comercio [Perú] 14.1.75). Es especialmente frecuente en el lenguaje bancario, donde se ha puesto de moda la expresión aperturar una cuenta, en lugar de abrir una cuenta. Su uso no está justificado y debe evitarse.
     De su lado, la Fundación del Español Urgente (Fundéu) concuerda con la recomendación que hacen los académicos:  
Es un verbo innecesario y evitable. […] El término aperturar se ha formado a partir del sustantivo apertura. Se empezó a usar en el lenguaje bancario («Aperturar una cuenta bancaria») y se ha extendido también a otros campos: «Aperturar procedimientos judiciales», «Aperturar nuevos negocios», «Aperturar oficinas»...En todos estos casos lo adecuado es emplear el verbo abrir.
     Don Fernando Lázaro Carreter, frecuentador de los problemas relacionados con el correcto uso del español, caracterizó a este verbo parásito como de «vitalidad nauseabunda». Agrega el lingüista: «…no se entiende por qué ha parecido necesario a banqueros y bancarios sustituir el limpio verbo abrir por ese horrorcillo. “Aperturado” el camino, nada impide que lecturar sustituya a leer, baraturar a abaratar y licenciaturarse a licenciarse…». Ni la vigésimo segunda edición del diccionario de la Real Academia Española (2001), aún vigente, ni el avance de la vigésimo tercera, recogen el infeliz neologismo. Un verbo que, en cambio, sí halla cabida en el adelanto de la edición en preparación es apenumbrar, «Poner en penumbra algo, especialmente un lugar», dice la entrada. No apenumbremos, pues,  los corredores de las escuelas con una expresión tan impropia como desagradable.