martes, 12 de agosto de 2014

Mempo Giardinelli y la comparación en "Luminoso amarillo y otros cuentos"


                                                                                                  a Nohemí  
   De Luminoso amarillo y otros cuentos (Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2007) de Mempo Giardinelli, publico algunos pasajes que fiché sobre el uso que el escritor argentino hace de la comparación, recurso expresivo que domina con maestría.
 *** 
“Borges dormía, con la cabeza inclinada sobre un hombro como un capullo de algodón quebrado”, p. 4. 

“Cuando salió de la París y sintió que el frío de la noche le pegaba como un latigazo en la cara, supo que el tipo estaría ahí [...]”, p. 7. 


“La madre del niño se va agriando como una mandarina olvidada en el fondo de la heladera [...]”, p. 49. 


         “...no desatendimos la charla ni dejamos de beber, mientras bajo la espuma incesante del jacuzzi mi mano y su pie jugaban de lo más bien, como pececillos dichosos, p. 57.
“Después la abrió [la boca] todo lo grande que pudo para aspirar una inútil, final bocanada de aire, antes de que la última tos le ablandara el cuerpo, que se aflojó como un copo de algodón que se desprende del capullo para que el viento se lo lleve”, p. 72.

“[...] y mientras el cura rezaba el Agnus Dei, el cielo se abrió del todo, como una mano amiga”, p. 72. 

          “Todos nosotros mantenemos el silencio como si fuera una nube de plomo que hay que sostener en el aire [...]”, p. 81.  

“Y miró su boca semiabierta, de labios perfectamente delineados, de una carnosidad que invitaba a beber en ellos, húmedos como una pera jugosa pero del color de una cereza pálida”, p. 87. 

“El viejo se miraba la punta de su alpargata, acaso el exacto lugar por donde asomaba un dedo de uña larga, arrepollada, roñosa como una deslealtad”, p. 106.

“El hombre flaco los miraba como se mira a un músico borracho que está desafinando”, p. 107.

“Pisó una mamboretá que caminaba hacia él, verde como una esmeralda falsa, y miró hacia el 125 donde ahora todos los pasajeros estaban serios, concentrados, como cuando un avión entra en zona de turbulencias”, p. 109. 

“―Vía, vía ―dijo cuando llegó al coche. La pequeña tribu bajó dando portazos. Como cucarachitas que en la noche huyen de la cocina, corrieron en todas las direcciones”, p. 110.

“La fiesta se ha acabado y la tarde tambalea, como si el crepúsculo se hiciera más lento o no se decidiera a ser noche. Hay en el aire una densidad rítmica, como si los corazones de todos los presentes marcharan al unísono y solo se pudiera escuchar un único y enorme corazón”, p. 116. 
Mempo Giardinelli
 

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