sábado, 10 de octubre de 2015

El sótano y el comején: Mis cuentos ganadores en la Librería Mediatica

a Nohemí
El Concurso Anual de Cuento Breve y Poesía de la Librería Mediática ha representado para mí una estimulante y generosa experiencia. Recuerdo que en abril de 2012, luego de disfrutar con mi esposa el programa televisivo donde se leyeron los textos ganadores, pensé: «¿Y por qué no participo el próximo año?». Fue solo eso, un pensamiento, pues hasta entonces no había escrito ficción; de hecho, mi historial escriturario se reducía a unos pocos ensayos y una biografía. Semanas más tarde, perturbado por la súbita aparición de una colonia de comejenes que asediaba mi biblioteca, y mientras ocurría al método casero de untar con cambur triturado el piso para atraer a las hormigas —acérrimas enemigas de aquellos bibliófagos—, se manifestó la idea de un microcuento: lo tallé en mi mente, lo escribí en un cuadernito, lo podé, lo acariñé en secreto por días, hasta que finalmente decidí someterlo a la implacable crítica de mi esposa y de mi amigo Jofre Aguilera. El ver que ambos coincidieran en saludar con plácemes la pequeña obra me infundió mucha seguridad, de modo que llegado el momento, a principios de 2013, concurrí con el texto al certamen anual de la Librería Mediática. Revivo como si fuera hoy la euforia que sentí al leer el cuadro de ganadores y ver allí mi Fábula profana, figurando entre textos de autores de nombradía como Salvador Robles o Sylvia Lago. Aquella herejía del comején fue premiada con el tercer lugar por el jurado. El cuento me trajo muchas satisfacciones y elogios, pero también uno que otro incidente curioso, como el escándalo que causó a una colega educadora: «¡Eres ateo!», me dijo con inocultable repulsión. Fábula profana tiene hoy hasta su exégeta particular: el eminente profesor Mariano Gonzalo. Este año la alegría no fue menos cuando el jurado me otorgó el segundo lugar en el concurso con Oficios, un escrito que sesteaba en mi ordenador desde los días enfebrecidos en que concebí Fábula profana. Confieso que en su momento lo consideré apenas un ejercicio narrativo sin mayores pretensiones. El mecánico-escritor de la historia salió ganancioso de su sótano, para mi sorpresa. En suma, gracias al certamen de la Librería Mediática, ahora estoy convencido de que puedo escribir y ser valorado por ello.

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