Entre octubre de 1901 y enero de 1902, México albergó la Segunda Conferencia Interamericana, a la que concurrieron 19 países del continente. Venezuela fue representada por los doctores Manuel María Galavís y José Gil Fortoul, quienes, entre otras tareas, debían mantener informado al presidente Cipriano Castro de todo cuanto ocurriese. Pocos días después del inicio de las sesiones, el 5 de noviembre de 1901, Galavís comunicó por cable los pormenores de la instalación de la cumbre, el nombramiento de las comisiones de trabajo, y, sobre todo, el fatigoso cabildeo que tanto los venezolanos como los colombianos hacían con el resto de las delegaciones buscando apoyo político en un momento de tensas disputas entre ambos países. Al margen de su diligente raconto, el doctor Galavís pasó a elogiar la esmerada atención que les había sido prodigada por los anfitriones («nada economizan para tenernos agradados»), detallando la movida agenda social que cumplían en la capital mexicana: «Las fiestas las hay tanto oficiales como particulares y todas con derroche de lujo. Las delegaciones unas con otras y también con los de la casa, se están portando muy bien». Si acaso el presidente no estaba convencido de la unanimidad en las buenas maneras y cortesía de los comisionados continentales, añadía: «Se advierte en todos, hasta en el negrito de Haytí [sic], la mayor decencia y generosidad».
Fuente: Boletín del Archivo Histórico de Miraflores, números 35 y 36, Caracas, marzo-abril y mayo-junio 1965, p. 327.
No hay comentarios:
Publicar un comentario