Imprudente, acechante, indócil, puede
la imaginación horadar los muros del convento y turbar al más sosegado espíritu
en la mismísima hora de la oración, produciendo gran ruido en la cabeza, donde
«está lo superior del alma». Santa
Teresa de Jesús,
víctima dilectísima de tan inoportunos delirios, ya vencida, aconseja
a sus hermanas de fe que «no os traiga inquietas y afligidas, sino que dejemos
andar esta tarabilla de molino y molamos nuestra harina, no dejando de obrar la
voluntad y entendimiento» (Moradas 4,
13). A fin de cuentas, afirma pesarosa, no es culpa del alma sino del demonio
y, claro está, de la «flaca imaginación», tormento del cristiano. ¿No fue acaso
por imaginarse Dios, sabedor del bien y del mal, que tomó Eva el fruto del
árbol prohibido? Así pues, la desbridada imaginación lleva consigo la mancha
del pecado original. «No se haga caso de
ella más que de un loco sino dejarla con su tema», añade la santa.
martes, 2 de septiembre de 2014
Notas sobre la imaginación (I)
Cuenta
Montaigne de un hombre que, tres o cuatro días después de haber ofrecido un banquete, para burlarse de
sus invitados, dijo haberles servido empanadas de gato: la broma hizo mal a una
muchacha, tanto, que acabó muriendo de un trastorno intestinal. «Nada extraño
encuentro en que la imaginación dé fiebres y aun la muerte a quienes la dejan
hacer y la aplauden [...] Es verosímil que el crédito principal de las
visiones, encantos y otras cosas extraordinarias haya de atribuirse a la
potencia de la imaginación [...] en materia de imaginación es menester obrar
sobre un alma predispuesta. Por eso los médicos procuran hacer concebir a sus
pacientes falsas promesas de curación, a efecto de que la imaginación supla la
impostura de los emplastos [...] Las mismas bestias están sometidas a la
imaginación, de lo que dan testimonio los perros que se dejan morir de pena
cuando pierden a sus dueños» (Montaigne 1968, tomo I, pp. 61-69). Mueve a
espanto al escritor francés el irresistible e impredecible poder de la
imaginación: «De tal modo me impresiona, que procuro huir de ella por
imposibilidad de resistirla».
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