La familia y la escuela
conforman una entidad unida por lazos muy estrechos y con identidad de
propósitos […] La escuela debe ser para la familia prolongación de sus
inquietudes y de sus afectos; el hogar debe ser para el plantel puente que le
una a la colectividad y que le permita vivir a plenitud su condición de agencia
social, su naturaleza de servicio de bien público[1].
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